El iris de las alturas.

Solía mirarte a los ojos como quien se mira los precipicios. Que nunca has entendido que asomar la cabeza por encima de los barrotes del balcón es lo mismo que mirar directamente tus pupilas. Quizás por ello me guste tanto.
Pero dejemos de hablar sobre altitudes que llevan tu nombre, que ya sabes que soy de las que "se van por las ramas" y ojala me fuera hacia las tuyas. Aunque ésta no es más que otra carta, algunos versos y los mismos labios. ¿Sabes? Sigo aquí, desparramada sobre cornisas. Que mis pies ya no aguantas quietos y sobrepasan la barandilla balanceándose como quien da el primer salto para volar y aprender a caer, o matarse, qué sé yo. Que el frío quizás se ha metido por mi garganta cuando he intentado gritar tu nombre, que no voy a escribirlo, no hace falta. Me haces falta.
Déjame contarte un secreto, el que arrastra el primer portazo antes de marcharme, eres el caos más bonito que ha desbordado mis folios.
Escribiendo sobre (tus) alturas,
Ira.


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