Sigo oyendo hablar de magia y efectos especiales
Otra de muchas tardes observando el contraste de mis pies
blancos sobre el mármol. Contraste, digo,
por su tez cálida amenazante ante incendios, ya no sé si los tuyos o los
míos, que alguna vez llegó a quemarme la piel, desnuda, bajo un paso más. Contradictorio.
Podría medirte a base de estaciones, con raíles bajo los
pies y primaveras pintadas en las ventanas.
Es curioso como el invierno ha acabado resguardándose de tus veranos. Los que llevo tatuados en el iris de cada ojo. Esperemos que algún octubre
se cuele entre carcajadas.
Que el frío de aquí dentro dura más que simples medidas de
tiempo, las que se comparan a ratos con las primaveras que he pasado contigo (o
sin ti), perdiéndose en indeterminaciones desdibujadas.
Y hoy, bajo un nuevo intento fallido de versarte, puedo
confesar que por muchas estaciones de tren que hayas tomado definiéndolas como épocas
del año sigue habiendo magia en otoños.
Y los efectos especiales son inminentes.
(Que nunca se acabe
la magia)

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