Sobre desteñir cielos y mar


A veces siento la marea. De aquellas que dejan rastros de sal bajo las pupilas y un azul marino en las mejillas. No miento al decirte que la echaba de menos pese a haber tenido sus aguas por el cuello. Ni lo frustrada que me siento al ver cómo emborrona más tinta que palabras. Que tengo ya las manos negras a juego con un par de sentimientos, como el pájaro que suele soñar con desteñir cielos en sus alas. Me pregunto quién de los dos estará volando esta vez, aunque soy vagamente consiente de que no tiene ningún sentido escrito sobre hojas en blanco con ojeras en negro. Qué más da, él no sabe la ironía tan bonita de la del mar bajo tus pies descalzos en huellas que nunca has sabido, o querido, borrar. 



Este sinsentido también tiene parte de su encanto, A.
Te cielo.

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