Para cielos azules

Escribir llevando como bandera este revoloteo en el pecho que amenaza en cada intento con arañarme las entrañas. Utilizando como arma espinas de las palabras marchitas que llevo clavadas para que todo lo que consiga salir sea únicamente podredumbre. Lodo en el que me hundo hasta el cuello por si alguno de estos días encuentro tierra firme que abonar y, así, poder crecer y echar raíces. En ese desorden, como todo lo que escupo en esta hoja en blanco que a ti ya te llegó llena. 

Escribir con el alma herida y la sensación de ser una niña perdida aún en brazos de su madre. Quien no sabe muy bien porque a su pequeña a veces le arde terriblemente el pecho, los ojos, la nariz y los labios. Ni entiende como se puede seguir llorando a mares cuando se es tan solo incendios.

Escribir con miedo a que me lean. A que en realidad no sepan hacerlo. A ser yo la que lo olvidó.

Escribo. Escribo y tal vez por eso me guste tanto el mar. Nadie le ha visto nunca en la sequía en la que yo me he autoproclamado en verso y, contra todo pronóstico, sus aguas sí me sirven porque la sal yo también la llevo por dentro. 
Escribo porque todo lo que pasa muchas veces también pesa y esta es una forma de no morir aplastada.
Escribo, aunque me gustaría volver a disfrutar tanto como antes haciéndolo y pese a que muchas veces no salgan las palabras. Ni una sola. ¿Entiendes?


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