Entre compases

Aún recuerdo la mañana rosada en que se me ocurrió verla bailar. Al copas del ondear de las cortinas y con la melodía de una de esas malditas canciones pegadizas. Que Vida nos tiene ya mareados de tantas vueltas de 180 grados, pero se nos siguen escapando las carcajadas al verla desbordarse en sinfonías. Que, creas o no, parece no entender los ecos que lleva su nombre.
Muchos dicen que invierno le ha acampado en las pupilas mientras otoño, salvaje, se posaba sobre su pelo. Y bendito el verano que crean sus caricias.
Cuentan por ahí que, a pesar de todo, sus pies siguen balanceándose, inquietos, esperando que alguien la saque a bailar. ¡Ay del primero que le haga caso!

Silencio, ya empieza. Suenan un, dos, tres, quizás más compases, cinco, seis de tantos pasos inciertos, siete, ocho y ya ha acabado en los labios de alguien. Sobra decir que después de la quinta canción tiene ya más moratones que nebulosas producto de tantas caídas intencionadas, quizás para ver si a alguien le importaba lo suficiente como para cogerla al vuelo.

Siempre extendiendo la mano en la dirección contraria, siempre mirando hacia el sol con los ojos abiertos porque en eso de “deslumbrar” nadie le supera y hasta la luna le suspira.

Que Vida siempre ha bailado descalza, y a nosotros se nos desgastan los zapatos.  




Así que dime, ¿me concedes este baile? 

Comentarios

  1. SANDREITOR BAILA ENTRE COMPASES HUPA HUPA IHH HUPA HUPA IHH BAILA Y SALTA COMPAS Y COMPAS HUPA HUPA IHH SIN PARAR SANDREITOR AND OBAMA

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